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Aamina. Pakistán.

Soy Aamina, vengo de Pakistán, donde nací hace 32 años. Tenía una vida estable y un empleo. Trabajaba como oficinista en una empresa y me casé a los 26 años. Mi marido no quería que trabajara. En menos de un año me quedé embarazada y él aprovechó para convencerme de que dejara el trabajo para cuidar al bebé. Al final lo hice. Fue a raíz del embarazo cuando él empezó a cambiar. O, mejor dicho, a mostrarse como era en realidad: irascible y violento. Me pegaba, a pesar de mi embarazo. Yo tenía miedo, pero pensaba que se le pasaría, que era solo una fase.

Pero la fase no terminaba y era cada vez peor. Con mi embarazo ya avanzado recibí una paliza horrible. Y empecé a sentir terror, impotencia. A veces me sentía culpable, creía que había hecho algo mal. En el hospital, los médicos se dieron cuenta de lo que ocurría y llamaron a la policía. Pero la policía no hizo caso, dijo que seguro que mi marido lo había hecho por mi bien. Cuando di a luz al bebé, mi marido empezó a ausentarse. Salía tarde de trabajar y apenas estaba en casa. Dejó de darme dinero para las necesidades básicas de la casa, para las del niño. Intenté pedir el divorcio alegando que era víctima de actos de crueldad, pero mi marido insistía en que no era real a pesar de las pruebas médicas. Desgraciadamente, le escucharon a él: para una mujer en mi país es muy difícil que se le conceda el divorcio. Por no decir imposible.

Tras varias palizas, me instalé en casa de mi hermana con el niño. Mi marido, que no nos pasaba ninguna pensión, a veces venía e insistía, violento, en que le abriéramos la puerta porque quería ver al niño. En una de sus “visitas” agredió al niño cortándole con  una navaja. Asustada, volví a la policía. Solo quería proteger a mi bebé. No sé por qué fui, ya que no me hicieron caso. Lo peor es que a los pocos días me llegó una denuncia: mi marido había inventado un caso en mi contra y me denunciaba porque no estaba capacitada para cuidar a mi bebé. Le había dado la vuelta a la situación. A través de un amigo de mi cuñado, que tenía contactos con la policía, me enteré de que mi marido, que ya estaba con otra mujer, había conseguido que la policía creyera su invención. Lo hacía solo para dañarme. Me mudé a casa de mis padres para que él no me encontrara. Y una noche, la policía se presentó en casa de mi hermana buscándome. No iban a tardar en encontrarme y, según mi contacto, tenía todas las de perder. Además, mi marido le hizo saber a mi hermana que si me encontraba, me iba a matar. Asustada, me preparé para viajar a España. Conseguí el visado y vine. A los pocos días de estar aquí, mi familia contactó conmigo para contarme que mi marido, al enterarse de mi huida, amenazó a mi familia para que me hicieran volver. Si no, lo haría él y sería peor porque nos mataría al niño y a mí. He venido a España para salvar mi vida y la de mi hijo. Ahora solo deseo que España me acoja y acepte mi petición de asilo.